La pintura es ese mismo proceso de reflexividad, de desarrollo del
ojo, la forma de ver y mirar, la prótesis visual. Y un proceso de
relectura del cuerpo que inicia con un acto de apropiación, de un
cuerpo en el que están inscritas las normas culturales, por ejemplo
las formas de ver uniformadas que se reproducen en esa gran prótesis
que son los medios de comunicación. La pintura sería un proceso de
apropiación y reinvención permanente del cuerpo.Pero también es un
punto de partida para redefinir los límites de ese cuerpo y sus
partes. Un estudio no muy detallado de psicoacústica, por ejemplo,
hace ver hasta qué punto son frágiles y construidas las fronteras
entre diferentes sentidos y entre diferentes artes, o sea partes del
cuerpo; hasta qué punto escuchamos en relación con lo que
vemos y viceversa. Se puede iniciar así, partiendo de la sinestesia
un proceso de relectura del cuerpo.
Esto ocurre en el arte intermedia, donde se utilizan posibilidades de
las tecnologías avanzadas de la comunicación para generar entornos
nuevos en los que las tradiciones del arte, asociadas a una
noción de corporalidad, se transforman. ¿Cómo se podrá realizar y
trasformar esa danza de la representación, a la que aludía con el
ejemplo de la pintura, en el contexto de las nuevas tecnologías y de
una redefinición del cuerpo?
REVERSO es un proyecto interdisciplinar (artístico,
teórico, político…) que consiste precisamente en eso: la hibridación
de espacios a través del desarrollo de tecnologías
del cuerpo. Un posicionamiento en los puntos de fuga del sistema
normativo que permite una relectura de este. Un proyecto grande
formado por muchos proyectos, el primero de ellos es la revista de
estudios lesbianos y gays, pero ahora veo que también esos cuadros,
hechos antes de idear Reverso, puedo ahora verlos a la luz del mismo
proyecto, como el inicio de un viaje, de un proceso de reflexividad,
de una performance permanente de la representación.