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| No
hubo romanticismo alguno en su acción. Nada tiene que ver la actitud
de Mishima con la de los jóvenes pálidos que uno imagina desbordando
la nómina de suicidas del siglo XIX. No se trataba del abandono de un
mundo intratable o mezquino. De hecho Mishima no se suicidó en el
sentido occidental del término. Eligión lugar, momento y testigos.
Cumplió con las fases del ritual "hara-kiri" y su acción,
fuera absurda, ajustada a una vieja costumbre o atroz, le permitió
romper con todo antes de presenciar su propia decadencia, antes de
conocer el fracaso, el olvido o la vejez.
Todo fue hace trienta años, recién acabada la década más
contestataria y juvenil que recuerdan los últimos tiempos. Acaso por
eso los jóvenes europeos de entonces quedaron impresionados y
releyeron con insistencia las páginas de un autor que se enfrentaba
con modernidad a sus mismos fantasmas, pero que paradójicamente
mantenía vivo en su persona el secular código ético de los
caballeros samurai, inflexible con la vergüenza y el honor, dispar en
cuestiones de moral.
Sería difícil describir qué nos vale hoy de Mishima, qué hemos
aprendido con su abra y su historia personal. Estamos seguros de que
para entenderlo hay que hacer un doble esfuerzo: por un lado, asomarse
a la tradición japonesa en que se formó y cultivó a su manera, es
decir, saltar hasta las referencias orientales del mundo, ver el mundo
desde donde lo ven ellos. Por otro lado, ahondar en la experiencia de
un hombre contemporáneo, de un hombre que conocía la literatura y la
filosofía europeas, pero que sufrió a los veinte años la vergüenza
de sentirse aplastado junto a los suyos por la ingeniería atómica de
Occidente. Son todo conjeturas. Mejor, como siempre, dejarse llevar:
Leer alguna vez a Mishima, dejar que el tiempo revele en silencio lo
que otros ven y aún no adivinamos. Mishima es sólo un nombre, una
excusa para juzgar lo que él juzgó, para afrontar valientemente la
condición humana, para posicionarme y decidir con la consciencia
alerta, un poco menos entumecida que de costumbre.
continua...
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