"Cuando
vi por primera vez las pinturas de Bosco
Sodi tuve una sensación
extraña. Eran lienzos de color, un
color de una rara luminosidad y densidad.
La composición era simple: superficies
monocromas, rotas compositivamente
por líneas o planos horizontales.
Se trataba efectivamente de un arte del
color, pero no sólo del color. El
color estaba impregnado de grano y
calidades texturales que le atribuían
una particular riqueza de matices y
sutilezas. Como en el caso de Rothko, este
tipo de pintura, a pesar de su
aparente simplicidad, era de una gran complejidad
y ambigüedad. La
diversidad de tonos poseía la misma
inmensurablidad de un cielo o un mar
infinito. Pero lo que me resultaba extraño
era la calidad del color de Bosco
Sodi y esta suerte de síntesis entre
color y materia que hasta entonces
nunca había visto. Tuve la sensación
de que me encontraba ante una expresión
original y es lo que pretendo explicar en
este texto
Síntesis de contrarios.
En el arte contemporáneo existen
dos itinerarios de exploración del
color.
Por un lado, aquellas experiencias -más
o menos conceptuales- que entienden
el color como una manifestación pura
e inmaterial, próxima a la música.
En
este ámbito se sitúan el Neoplasticismo,
el Suprematismo, Kandinsky,
Rothko... En estos artistas, el color se
expresa en un estado de levitación,
parece flotar más allá de
este mundo material. Es una idea del color
esencial, purificado de cualquier noción
de substancia física o
materialidad: es el color como música,
algo inmaterial, reinvindicación
del
color puro como expresión de un ideal.
Kandinsky, por ejemplo, para quien la
pintura era pura espiritualidad y expresión
interior del alma, somete la
pintura a un proceso de depuración.
Así elimina la condición material
que
-según él- dificulta la expresión
interior y es superflua. Condición
material es la anécdota, la literatura,
la figura, pero también la
problemática de impregnaciones, texturas,
materias... Kandinsky concibe la
pintura en términos de relaciones
espaciales y colores. La pintura es casi
tan inmaterial como la música...
Por otro lado existe otra manera de entender
el color: el color/materia, el
color como vinculado a la substancia. Aquí
encontraríamos, por ejemplo, la
grasa de Beuys, los jugos irreconocibles
de Gasiorowsky, la sangre de
Hermann Nitsch y todos aquellos artistas
que trabajan con materias o pastas
de materias (asfalto, polvo, arenas, óxidos)
como Dubuffet, Fautrier,
Tàpies... Estas substancias poseen
una dimensión fantasmática,
atribuyen
una aura -energía o magia- al objeto
artístico. En estos artistas el color
suele ser poco brillante y opaco. La paleta
no es intense, al contrario,
suele ser sorda, mate, espesa, amortiguada...
No es que no tenga color, sino
que el color se identifica con el material
original: se trata de los colores
naturales, de los mismos materiales. Es
el color como materia.
Como se sabe, Antoni Tàpies ha investigado
el universo de la materia. Pues
bien, renuncia intencionadamente a una idea
del color, el color como
expresión directa, aunque no al color
en sí. Puntualmente -como luego
veremos-puede utilizar pigmentos intensos,
pero la suya es básicamente una
paleta de colores mates, opacos, espesos...
No es que niegue el color, el
color posee una dimensión simbólica
más allá de los colores primarios
y del
ilusionismo. Cuando Barbara Catoir le preguntó
sobre el color, el artista le
respondió: "(...) casi tengo
una manía contra los colores, contra
los
colores primarios, rojo, amarillo, verde,
azul, porque nuestro entorno está
lleno de colores. Les tengo una auténtica
alergia, pero seguro que también
hay otras razones -menos formales".
Y luego añade: "Me gustaría
estar en
relación con una realidad más
profunda que la superficie. He buscado colores
que... -es realmente difícil de explicar,
porque son aspectos que uno no
puede expresar con palabras, son cosas que
se aproximan a un mundo
visionario, a la mística, es el color
bajo la realidad superficial, es el
color de la ilusión, de los sueños,
el color de las visiones, del vacío,
el
color del espacio". En este punto en
concreto Tàpies es profundamente
ambiguo, pero a la luz de su ciclo, "Comunicación
sobre el muro", este color
de lo inefable está relacionado con
la materia y los procesos con la
materia. Para los visionarios de la materia,
ésta es portadora de un
contenido espiritual que es intensificado
o revelado por la manipulación del
artista. El color no se entiende en términos
de superficie, teñido o
pigmento: es la misma materia que opera
como un talismán, pura energía,
pura
descarga eléctrica. Pero esto significa
que el color no es más que el color
del material: paja, asfalto, pasta con aglutinantes,
arenas...
Decía antes que en el arte contemporáneo
existía dos líneas de
investigación. En efecto, estas dos
maneras de concebir la pintura que se
han descrito son dos polos opuestos y a
priori irreconciliables. Claro que
entre el uno y el otro existe una serie
de pasos intermedios. Pero son
concepciones totalmente diferentes y entre
ambas existen tensiones y
conflictos. En este sentido Bosco Sodi es
una expresión original: reconcilia
dos principios que habitualmente se presetan
como opuestos o contrarios en
el arte contemporáneo: materia y
color, un color luminoso. Articular una
síntesis entre ambos, ésta
es la aportación y el mensaje del
artista. El
pigmento de Bosco Sodi no pierde potencia
ni calidad cuando se mezcla con la
materia. Suele ocurrir que el color se amortigua
cuando se utilizan
fijadores y aglutinates. El suyo en cambio
es un color vivo, sensual,
animado, intenso, brillante, no se volatiliza
en su contacto con la la
materia. Pero la materia aporta otra dimensión:
una profundidad, una riqueza
de tonos y matizes, una aura en definitiva
que no se podria conseguir por
ningún otro medio. En este movimiento
de contrarios de desarrolla la obra de
Bosco Sodi.
A la búsqueda de una materia-color
Yo imagino a Bosco Sodi como un alquismista
en su estudio. Como los
visionaries, busca una dimensión
ancestral o primitiva que parece que tuvo
el color en el origen de los días:
un color animal, natural, primigenio.
Busca también aquella idea de materia
de la que habla Tàpies en sus textos
como escrutación de un sentido oculto
de la vida.
En una de mis frecuentes visitas a su estudio
me mostró sus procedimientos.
Utiliza una mezcla de pigmentos, limaduras
de hierro, serrín... incluso en
algún momento también se ha
servido de tierra natural. Bosco Sodi posee
diferentes calidades de tierra que utiliza
como aglutinante y pigmento.
Tierra catalana -donde ahora reside-, pero
también de su México natal,
aspecto que revela la ambición de
su obra: dotarla de una carga mítica
o, en
otras palabras, de un valor altamente emotivo.
Su pintura posee un profundo
sentido espiritual. Tal como lo veo se trata
de crear lo que los
antropólogos llaman "un objeto
de poder" en las culturas primitivas.
Un
objeto mágico, como puede ser el
ritual religioso o un amuleto, esto es un
objeto-fetiche de una gran fuerza y al que
se le atribuyen poderes
sobrenaturales.
También su manera de trabajar es
muy significativa. Él me explica
que no
utiliza pinceles, que pinta de pie con el
bastidor en el suelo. Sus manos
están lastimadas por el uso de los
materiales y veo su cuerpo en tensión
y
contorneándose de dolor sobre la
tela. El me habla de las pinturas de los
indios sobre la arena, de Siqueiros, de
Pollock.... También alude al arte
primitivo, a los métodos espontáneos,
al informalismo, a la necesidad de una
expresión elemental y emotiva, al
zen... ¿Hace falta continuar? Los
procedimientos y la manera en que los utiliza,
sus referencias artísticas y
alusiones remite a un universo, a una manera
de entender el arte muy
determinada. Es el arte de los mitos. Bosco
Sodi continúa la reflexión
de
aquellos artistas del informalismo y el
expresionismo abstracto, artistas de
lo profundo, artistas visionarios, artistas
que alumbran la vida subterránea
de las cosas.
Entre Rothko y Tàpies
Un día pregunté a Bosco Sodi
sobre sus afinidades artísticas.
Mi pregunta
iba encaminada no tanto a que me hablara
de sus gustos o influencias, sino a
comprender su propia obra. El respondió,
entre otros, que sentía una
particular fascinación por Rothko
y Tàpies. Bosco Sodi resumía
así su propia
obra. Rothko, me explicaba, es el color,
un lenguaje universal del
sentimiento. Tàpies, la materia,
las texturas, el dramatismo, y -decía-
es
el arte de la profundidad.
Quien siga el itinerario de Bosco Sodi desde
sus inicios, observará que
existe una oscilación entre la materia
y el color. Momentos o etapas en que
se inclina por el color y otras por la materia.
Encontrar la síntesis entre
ambos significó un itinerario de
ensayos, errores, avances y retrocesos.
Ya
se ha dicho antes que color y materia son
polos opuestos y contradictorios
de difícil articulación. En
este proceso, hay sin embargo una especie
de
iluminación o revelación.
Bosco Sodi me contó que le sacudió
una obra de
Tàpies, "Pintura azul con arco
de círculo" (1959), que hasta
entonces
desconocía y que vio casualmente
en una antológica. Esta pieza, aun
poseyendo un tratamiento matérico,
está impregnada de color, un color
azul
profundo y brillante a la vez. A pesar de
lo que he apuntado, en algún
momento Tàpies ha utilizado el azul
y el rojo de una gran intesidad,
provocando contrastes muy agresivos. Pues
bien, aquella obra desencadenó una
reflexión en Bosco Sodi, la posibilidad
de sintetizar color y materia. Las
obras que ahora presenta son la conclusión
de este largo trayecto.
Pero hay algo más en esta síntesis
de color y materia. Bosco Sodi me habla
de su México natal. Me explica que
México es el color, que el color
está en
todas partes y me da a leer un texto de
Pablo Neruda en el que evoca su
estancia en este país. "México
está en los mercados. No está
en las
guturales canciones de las películas,
ni en la falsa charretería de bigote
y
pistola. México es una tierra de
pañolones color carmín y turquesa
fosforescente. México es una tierra
de vasijas y cántaros y de frutas
partidas bajo un enjambre de insectos. México
es un campo infinito de
magüeyes de tinte azul acero y corona
de espinas amarillas" (2). Pero México
-me cuenta Bosco Sodi- no sólo es
color, existe también un México
de
materias, materias calcinadas y usadas,
rotas y estropeadas. Es el México
dramático. Así es México,
así es la obra de Bosco Sodi."
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