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“ISABEL
VILLAR”
Galería Sen. Madrid.
27 Marzo - 5 Mayo de 2001.
Isabel
Villar nos ha llevado a ver el mundo de sus cuadros desde un ricón
disimulado, como no queriendo interrumpir en el escenario perfecto que
ella prepara cada vez para ser disfrutado por el espectador.
Isabel nos hace entrar en un universo donde hasta el más mínimo
detalle está pintado con minuciosidad, paisajes de una jugosidad
fresca, o de una terrosidad amable, donde todo debería ser
previsible, y, por el contrario, nada lo es. Nos propone un juego de
personajes, a veces llenos de referencias, que poseen la absoluta
quietud de antiguos daguerrotipos, solos o acompañados de animales
que nos remiten a nuestra infancia.¿Quién de niño no ha querido
tener un león o una foca amaestrada para jugar con ellos? .
En su obra se aprecia siempre un conocimiento y dominio técnico
depurado, en el uso de las múltiples perspectivas, en el juego de los
colores, en la superposición de los planos. Todo ello confiere una
rigurosidad pictórica y un buen hacer que se mantiene y es cada
vez más patente en su trayectoria.
Tras este buen hacer de la materia, se percibe la cualidad más
trascendente en la obra de Isabel: su poesía. Lo poético en sus
cuadros es lo que más nos alcanza, transmitiendo esa serenidad, esa
melancolía apacible, ese deseo de paraíso casi inalcanzable con el
que nos gustaría toparnos de frente, y en el que nos gustaría
introducirnos para reposar sin fin.
En
sus últimos paisajes, Isabel ha cambiado su paleta de verdes
infinitos, y nos muestra unos horizontes limpios, con unos primeros
planos de surcos sembrados, de tierras en barbecho, de trigales y
fondos de encinas. En un segundo plano, quedan a veces pequeñas
iglesias de pueblos con nombres que aparecen salidos de églogas
pastoriles o de novelas épicas. Es un retorno a su origen salmantino,
pero ahora ha introducido sobre esos surcos a los seres que pueblan su
mundo poético. A veces son ángeles que reposan en el barbecho, o
animales exóticos, monos, leones, focas, que provocarían la
sorpresa, nunca el susto, de un pastor o del niño escapado de la
aldea. Los paisajes son luminosos, diáfanos, bañados en una luz
uniforme que contrasta los colores de la tierra con un cielo
tranquilo, dejándonos ver, en algunos de ellos un fondo de verdor o
un pequeño camino que no sabemos adónde nos llevaría.
Ana
Blanco.
Galería Sen
Barquillo, 43
28004 Madrid
Telf: 91 319 22 27 - Fax: 91 319 22 27
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